Crecer no siempre es fácil. Detrás de cada sonrisa que refleja avance, hay silencios, lágrimas y batallas internas que pocos ven. El crecimiento personal no llega de la noche a la mañana; es un viaje profundo donde aprendemos a soltar lo que ya no somos, para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.
El proceso de crecer
Crecer duele, pero también sana. Duele porque nos obliga a dejar atrás lo conocido, a desprendernos de hábitos, personas o ambientes que ya no nos ayudan a avanzar. Pero sana, porque en ese desprendimiento encontramos libertad, claridad y propósito.
Cada paso en este camino nos enseña a conocernos, a poner límites, a valorarnos y a creer que sí merecemos una vida plena. Hay días en los que sentimos que todo se detiene, que los sueños pesan demasiado, y que el esfuerzo no rinde frutos. Pero justo ahí, en medio del cansancio, el alma se fortalece y aprende que los procesos también son parte del milagro.
Cuando te apoyan, y cuando no
El crecimiento revela mucho, no solo de ti, sino también de quienes te rodean. Algunos celebrarán tus logros con alegría sincera; serán esas personas que te impulsan, te animan y te recuerdan que vales más de lo que crees. Con ellos, el camino se vuelve más ligero y los días difíciles más llevaderos.
Pero también están los otros… los que critican, los que juzgan, los que se alejan porque tu cambio los confronta. A veces duelen más los comentarios de quienes creíste que caminarían a tu lado.
Cuando las personas de tu entorno —ya sea familiar, laboral o social— no comprenden tu proceso, puedes llegar a sentirte solo. Sin embargo, no es soledad, es transformación. No es rechazo, es señal de que estás creciendo en dirección distinta.
Aprender a avanzar sin resentimiento es uno de los actos más poderosos del crecimiento. No se trata de demostrar nada a nadie, sino de mantener la paz y seguir floreciendo aunque otros no lo entiendan.
La fe que sostiene y aligera
Y es justo ahí, cuando las fuerzas parecen agotarse, donde la fe en Dios se convierte en la luz que guía el camino.
Creer que Dios tiene un propósito en cada paso te da calma. Te enseña que las pruebas no llegan para destruirte, sino para formarte. La fe no borra los problemas, pero te da una nueva forma de mirarlos: con esperanza.
Cuando dejas tus cargas en las manos de Dios, el peso se vuelve más llevadero. Entiendes que Él ve lo que tú no ves, que abre caminos donde tú solo ves muros, y que cada cierre, cada crítica y cada silencio tienen una razón divina.
Crecer con fe
Crecimiento personal no significa tenerlo todo bajo control, sino confiar mientras avanzas. Significa seguir caminando aunque duela, seguir creyendo aunque no entiendas, y seguir amando aunque otros no te comprendan.
Dios no promete un camino sin obstáculos, pero sí un corazón fuerte para enfrentarlos. Si tu crecimiento incomoda a otros, no te detengas; estás brillando con la luz que Él encendió en ti.
Así que sigue…
Sigue creciendo, sigue creyendo, sigue confiando.
Porque cada paso que das con fe, te acerca más a la persona que fuiste creada para ser. 🌸
Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.


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