Mujer Resiliente. Creadora de Cambio

"un espacio para sanar tu historia, fortalecer tu amor propio y construir una vida con propósito."

Autor: Creadoras de Cambio

  • Maternidad y Pareja: cómo ser mujer sin perderte en el proceso.

    Maternidad y Pareja: cómo ser mujer sin perderte en el proceso.

    Ser madre transforma.
    Ser pareja compromete.
    Pero ser mujer… sostiene.

    Muchas veces, en medio de pañales, responsabilidades, cuentas, colegio, trabajo y compromisos, la mujer empieza a desaparecer silenciosamente. No porque dejó de existir, sino porque dejó de priorizarse.

    Y ahí comienza el desgaste.

    La maternidad no debe borrar tu identidad

    La maternidad es una de las experiencias más profundas que puede vivir una mujer. Nos enseña paciencia, entrega, resiliencia. Pero también puede absorbernos por completo si no aprendemos a poner límites saludables.

    El error no es amar intensamente a los hijos.
    El error es creer que ser buena madre implica dejar de ser mujer.

    Cuando tu identidad queda reducida únicamente a “mamá”, empiezas a desconectarte de:
    • Tus sueños personales
    • Tu crecimiento profesional
    • Tu espiritualidad
    • Tu cuidado emocional
    • Tu feminidad

    Y eso, tarde o temprano, impacta también tu relación de pareja.

    La pareja no debe convertirse en una obligación funcional

    Después de los hijos, muchas parejas entran en modo supervivencia:
    • Resolver logística
    • Cumplir responsabilidades
    • Dividir tareas
    • Dormir agotados

    Pero olvidan algo esencial: la conexión emocional.

    No eres solo madre de sus hijos.
    Eres mujer.
    Eres compañera.
    Eres proyecto compartido.

    Cuando la relación se reduce a “equipo de crianza”, la intimidad emocional comienza a debilitarse.

    ¿Por qué muchas mujeres se pierden en el proceso?

    Porque culturalmente se nos enseñó que sacrificarse es sinónimo de amor.

    Pero el sacrificio constante sin renovación produce:
    • Resentimiento silencioso
    • Cansancio crónico
    • Frustración no expresada
    • Sensación de invisibilidad

    Y una mujer que se siente invisible empieza a apagarse.

    Cómo ser madre, pareja y seguir siendo tú

    Aquí no hablamos de equilibrio perfecto. Hablamos de conciencia intencional.

    1. Agenda tiempo para ti (y cúmplelo)

    No es egoísmo. Es mantenimiento emocional.
    Leer, caminar, escribir, orar, hacer ejercicio, emprender… lo que te reconecte contigo.

    Si no lo agendas, no ocurre.

    1. Comunica lo que sientes

    Tu pareja no adivina tu agotamiento emocional.
    Habla sin atacar. Explica sin culpar. Pide sin miedo.

    La comunicación madura fortalece la relación.

    1. No abandones tus metas personales

    Tus hijos necesitan una madre plena, no una madre anulada.
    Cuando trabajas en tus sueños, modelas propósito.

    Una mujer que crece inspira.

    1. Redefine la intimidad

    La intimidad no es solo física.
    Es conversación profunda.
    Es complicidad.
    Es volver a mirarse como al principio.

    Aunque tengan hijos, necesitan espacios como pareja.

    1. Cuida tu identidad espiritual

    La maternidad exige fortaleza interna.
    La pareja exige madurez emocional.
    Ambas se sostienen mejor cuando tu vida espiritual está firme.

    Una mujer conectada con su propósito difícilmente se pierde.

    No estás llamada a desaparecer

    Ser madre es una parte de tu identidad.
    Ser pareja es una dimensión de tu vida.
    Pero ser mujer es tu esencia.

    No naciste solo para sostener a otros.
    También naciste para florecer.

    Cuando una mujer aprende a equilibrar sus roles sin anularse, se convierte en una verdadera creadora de cambio dentro de su hogar.

    Y el cambio empieza por ti.

    ¿Te has sentido perdida entre la maternidad y la relación de pareja?
    Te leo en los comentarios. Este espacio es para crecer juntas.

    Con amor y propósito,
    Brenda Goodman
    Creadora de Cambio

  • Valores en extinción: cómo su ausencia está rompiendo nuestras relaciones

    Valores en extinción: cómo su ausencia está rompiendo nuestras relaciones

    Vivimos en un tiempo donde todo avanza rápido: la tecnología, la información, las modas y hasta la forma de relacionarnos. Sin embargo, en medio de esa prisa hemos ido dejando atrás algo esencial: los valores que sostenían nuestras familias y comunidades.

    No desaparecieron de un día para otro. Se fueron apagando poco a poco, entre el “no tengo tiempo”, el “eso ya no se usa” y el “cada quien que viva como quiera”. Hoy vemos las consecuencias en hogares fracturados, amistades superficiales y una sociedad cada vez más fría.

    ¿Cuáles son esos valores que estamos perdiendo?

    1. El respeto

    Antes se respetaba la palabra del otro, a los mayores, a la pareja, al maestro. Hoy el irrespeto se disfraza de “sinceridad” y de “libertad de expresión”. Hablamos sin pensar y herimos sin remordimiento.

    2. La empatía

    Nos cuesta ponernos en el lugar del otro. Opinamos desde nuestras heridas y no desde el amor. Las redes nos enseñaron a juzgar, pero no a comprender.

    3. El compromiso

    Las relaciones se volvieron desechables: si algo incomoda, se abandona. Pasa en el matrimonio, en la amistad y hasta en la crianza.

    4. La honestidad

    Mentir se ha normalizado. Pequeñas trampas, verdades a medias, apariencias que sostener. Y donde no hay verdad, no puede haber confianza.

    5. La responsabilidad

    Cada vez menos personas asumen las consecuencias de sus decisiones. Siempre hay un culpable externo: la pareja, el gobierno, los padres, la escuela.

    El impacto en nuestras relaciones

    Cuando los valores se debilitan, las relaciones también.

    Las parejas discuten más y dialogan menos.

    Los hijos crecen con límites borrosos.

    La amistad se vuelve interés.

    La comunidad deja de ser refugio para convertirse en campo de batalla.

    No es casual que haya tanta soledad en una época “hiperconectada”.

    Recuperar los valores es un acto revolucionario

    No podemos cambiar el mundo de golpe, pero sí nuestro pequeño entorno.

    • Practicando el respeto en casa.

    • Enseñando a nuestros hijos con ejemplo y no solo con discursos.

    • Siendo mujeres coherentes entre lo que decimos y hacemos.

    • Volviendo a la fe, al perdón y al diálogo.

    Los valores no son antiguos: son eternos. Y cada mujer que decide vivirlos se convierte en una verdadera creadora de cambio.

    Para reflexionar

    ¿En qué momento dejaste de saludar al vecino?

    ¿Cuándo fue la última vez que pediste perdón de verdad?

    ¿Qué valores estás modelando a tus hijas?

    El cambio comienza en nosotras.

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  • El primer amor que sostiene todo: el amor propio

    El primer amor que sostiene todo: el amor propio

    Antes de ser pareja de alguien, madre de otros, amiga incondicional o profesional incansable, fuiste tuya.
    Y a veces se nos olvida.

    El amor propio no llega con un aplauso ni con un gran acontecimiento; nace en decisiones pequeñas: la forma en que te hablas frente al espejo, lo que permites, lo que ya no toleras y hasta la manera en que eliges vestirte para salir al mundo.

    Cuando una mujer aprende a elegirse

    Algo cambia por dentro.
    La postura se vuelve distinta, la voz más segura y los límites más claros. Ya no aceptas migajas emocionales, ni relaciones que te hagan dudar de tu valor. Empiezas a entender que cuidarte no es egoísmo, es responsabilidad.

    Elegirse es decir:

    • merezco tiempo para mí,
    • merezco verme y sentirme bien,
    • merezco un amor que no me disminuya.

    Y ese cambio interior termina notándose por fuera.

    El cuidado también es un lenguaje

    La ropa que eliges, el perfume que te acompaña, los accesorios que usas, no son simples adornos: son mensajes silenciosos de cómo te ves a ti misma.

    Cuando una mujer se coloca una pieza que ama, no se está “arreglando para otros”, se está reconociendo. Es un recordatorio de identidad:

    soy esta,
    me gusto así,
    me celebro así.

    Por eso creo tanto en la bisutería artesanal: porque no habla de apariencia, sino de esencia. Cada pulsera, cada arete, cada detalle puede ser un pequeño ancla que te devuelva a ti, a tu historia y a tu autenticidad.

    El amor que lo sostiene todo

    Ningún vínculo florece si primero no te tienes a ti.
    El amor de pareja, la maternidad, las amistades, los proyectos… todo descansa sobre ese primer cimiento.

    Amarte no te vuelve perfecta,
    te vuelve consciente.
    No te hace arrogante,
    te hace libre.

    Y una mujer libre ama mejor: sin miedo, sin vacíos, sin perderse.

    Que este mes del amor y la amistad empiece contigo frente al espejo diciéndote la verdad más importante:

    el primer amor de tu vida eres tú.

    Que al cerrar este artículo no te quedes con palabras, sino con una decisión: amarte primero, todos los días y sin pedir permiso. Recuerda regalarnos tu comentario, compartirlo con otras creadoras que lo necesiten.

    Con amor Brenda Goodman

  • Maternidad en el sigo XXI: Cómo ser una «Creadora de Cambio» en medio del caos.

    Maternidad en el sigo XXI: Cómo ser una «Creadora de Cambio» en medio del caos.

    Por: Brenda Goodman


    En el siglo 21, parece que las madres debemos tener la paciencia de Job, la fuerza de Sansón, la sabiduría de Salomón y, por si fuera poco, el perfil de Instagram de una modelo. Se nos exige ser productivas, estar en forma, criar hijos emocionalmente inteligentes y, al mismo tiempo, mantener una sonrisa impecable.
    Pero, ¿dónde queda nuestro diseño divino en medio de tanta exigencia externa?


    Como mujer que ha caminado por procesos de sanidad y como autora de “Adolescencia Interrumpida”, he entendido que la maternidad no es una interrupción de nuestro propósito, sino una de las plataformas más poderosas para ejercerlo.

    Sin embargo, para ser las madres que nuestros hijos necesitan, primero debemos ser las mujeres que Dios diseñó.

    Y trabajar en no idealizar esto:

    1. El mito de la «Supermamá» vs. La Gracia de Dios:
      El mundo nos dice que «podemos con todo», pero la realidad es que intentar hacerlo todo solas nos lleva al agotamiento y al resentimiento. La Biblia nos enseña que Su gracia se perfecciona en nuestra debilidad. Ser una madre empoderada en este siglo no significa no cansarse; significa saber a dónde ir cuando las fuerzas se agotan.
      El empoderamiento femenino real nace de la dependencia de Dios. Cuando reconocemos que no tenemos todas las respuestas, permitimos que el Espíritu Santo guíe nuestras decisiones y nuestras palabras.
    2. Sanar para Criar: El eco de nuestra propia historia
      Muchas veces, nuestra forma de maternar es una reacción a nuestra propia historia. Si vivimos una «adolescencia interrumpida» o capítulos de dolor que no hemos cerrado, corremos el riesgo de criar desde la carencia o el miedo.
      Para ser una auténtica Creadora de Cambio en tu hogar, es vital cerrar ciclos. Sanar tu diálogo interno no es un lujo, es una responsabilidad. Cuando tú sanas, dejas de heredarle a tus hijos tus sombras y empiezas a modelarles tu luz.
    3. Herramientas para la madre de hoy:
      ¿Cómo sobrevivir y prosperar en esta era digital y acelerada?
    • Filtra el ruido: No todas las tendencias de crianza son para ti. Pide discernimiento para adoptar lo que se alinea con tu fe.
    • Prioriza tu altar, no tu agenda: Si tienes tiempo para el celular pero no para la oración, tu prioridad está invertida. 10 minutos de conexión con Dios cambian el tono de todo tu día.
    • Suelta la culpa: La culpa es el lenguaje del enemigo. La convicción de cambio es el lenguaje de Dios. Si fallaste hoy, mañana Su misericordia es nueva.
      Ser madre en este siglo es un desafío gigante, pero no estás sola. Estás llamada a ser una influencia eterna en la vida de tus hijos. No busques ser una madre perfecta a los ojos del mundo; busca ser una madre presente a los ojos de Dios.
      Tu historia no se detuvo cuando te convertiste en mamá; simplemente comenzó un capítulo de liderazgo profundo. ¡Eres una Creadora de Cambio!
      ¿Te identificas con este sentimiento?
      Te invito a escuchar mi podcast todos los jueves donde profundizaremos en este tema y otras más sobre la sanación femenina.
    • También puedes conseguir mi novela «Adolescencia Interrumpida» en Cuenta Libros, del supermercado nacional para comenzar tu propio proceso de sanidad.
  • Cuando sigues siendo tú, pero ya no encajas

    Cuando sigues siendo tú, pero ya no encajas

    Hay momentos en la vida en los que no ocurre una ruptura visible, ni un conflicto evidente, ni una decisión drástica. Sin embargo, algo cambia por dentro. Sigues siendo tú —con tus valores, tu fe, tu esencia— pero de repente ya no encajas en los espacios que antes te resultaban familiares.

    No es rebeldía.
    No es soberbia.
    No es ingratitud.

    Es crecimiento.

    El día en que el alma se expande

    Cuando creces, tu mirada cambia. Lo que antes tolerabas, hoy te incomoda. Las conversaciones que antes te nutrían, ahora te drenan. Los lugares donde te sentías segura, comienzan a sentirse pequeños.

    Y eso duele.

    Duele aceptar que no todos pueden acompañarte en esta nueva versión. Duele entender que no todo lo que fue parte de tu historia tiene que ser parte de tu destino. Pero crecer nunca fue cómodo; siempre fue necesario.

    No encajar no significa estar equivocada

    Vivimos intentando encajar para no perder pertenencia, aprobación o amor. Nos adaptamos, nos silenciamos, nos reducimos… hasta que el alma ya no coopera.

    Cuando sigues siendo tú, pero ya no encajas, no es señal de que estés fallando. Es señal de que estás siendo fiel a quien estás llamada a ser.

    A veces, Dios no te está alejando de personas; te está alineando contigo.

    El precio de la autenticidad

    Ser auténtica tiene un costo. No todos celebrarán tu evolución. Algunos te llamarán “distante”, “cambiada” o “difícil”. Pero lo que en realidad ocurre es que ya no negocias tu paz, ya no explicas lo que sientes para ser comprendida, ya no te quedas donde tienes que traicionarte para pertenecer.

    Y eso es valentía.

    Soltar sin culpas, avanzar sin ruido

    Aprender a soltar no siempre implica cerrar puertas con drama. A veces es simplemente dejar de forzar presencia donde ya no hay resonancia. Es avanzar con respeto, sin necesidad de justificar tu proceso.

    Porque crecer no es huir.
    Es honrar tu verdad.

    Si hoy te sientes fuera de lugar…

    Si hoy sientes que no encajas, que estás en transición, que algo dentro de ti pide más profundidad, más coherencia, más verdad… no te apresures a volver atrás.

    Tal vez no estás perdida.
    Tal vez estás siendo preparada.

    Sigue siendo tú.
    Aunque no encajes.
    Especialmente por eso.

    Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.

  • Señales silenciosas de que ya no eres la misma

    Señales silenciosas de que ya no eres la misma

    (y cómo honrar esa nueva versión sin culpa)

    Hay cambios que no se anuncian.

    No llegan con crisis, ni con decisiones drásticas.

    Simplemente un día te das cuenta de que algo en ti ya no responde igual.

    Sigues funcionando.

    Sigues cumpliendo.

    Sigues diciendo “estoy bien”.

    Pero por dentro, sabes que ya no eres la misma.

    Y eso, lejos de ser un problema, es una señal de crecimiento.

    Cuando cambias por dentro, pero nadie más lo nota

    Uno de los momentos más confusos del crecimiento personal es este:

    cuando tú sabes que estás cambiando, pero el mundo espera que sigas igual.

    No hay aplausos.

    No hay validación externa.

    Solo una sensación interna de desajuste.

    Y muchas mujeres, en ese punto, sienten culpa.

    Culpa por no encajar.

    Culpa por no sostener la versión que otros conocían.

    Culpa por evolucionar en silencio.

    Pero cambiar no es traicionar.

    Es responder a quien estás siendo ahora.

    Señales silenciosas de que ya no eres la misma

    Estas señales no gritan.

    No llaman la atención.

    Pero son profundamente reveladoras:

    1. Ya no te explicas tanto

    Antes necesitabas justificarte.

    Ahora eliges el silencio cuando algo no se alinea.

    2. Te cansas de conversaciones que antes tolerabas

    No porque seas superior, sino porque ya no te nutren.

    3. Cambiaron tus prioridades

    Lo que antes era urgente, ahora es secundario.

    Y lo que antes postergabas, ahora es esencial.

    4. Prefieres la paz a la aprobación

    Ya no negocias tu tranquilidad por encajar.

    5. Te incomoda volver a versiones antiguas de ti

    No porque reniegues de ellas, sino porque ya no te representan.

    Si te identificas con varias de estas señales, no estás perdida.

    Estás creciendo.

    La culpa de crecer: el peso que nadie te enseñó a soltar

    A muchas mujeres nos enseñaron a ser constantes, no coherentes.

    A sostener roles, no procesos.

    A agradar, no a evolucionar.

    Por eso, cuando cambiamos, aparece la culpa.

    Como si crecer fuera fallar.

    Como si elegirnos fuera egoísmo.

    Pero aquí hay una verdad importante:

    cada vez que te obligas a seguir siendo quien ya no eres, te abandonas un poco.

    Y el crecimiento nunca debería vivirse como una traición personal.

    Cómo honrar tu nueva versión sin culpa

    No necesitas grandes decisiones ni declaraciones públicas.

    Honrar tu nueva versión empieza en lo cotidiano.

    Aquí algunas formas reales y sostenibles de hacerlo:

    • Respeta tus nuevos límites

    No los expliques en exceso.

    Quien necesita entender, lo hará.

    • Permítete cambiar de opinión

    Evolucionar incluye revisar decisiones pasadas.

    • Elige espacios donde no tengas que reducirte

    Tu crecimiento no debería incomodar tu existencia.

    • Escucha lo que tu cuerpo y tu alma piden ahora

    Descanso, silencio, foco, profundidad… todo eso también es avance.

    • Suelta la necesidad de ser comprendida por todos

    No todos caminarán contigo en esta etapa, y está bien.

    No te estás perdiendo, te estás encontrando distinto

    Cambiar no te aleja de tu esencia.

    Te acerca a una versión más honesta de ti.

    Tal vez ya no encajas donde antes sí.

    Tal vez ya no eres quien otros recuerdan.

    Pero si hoy te sientes más fiel a ti,

    más consciente,

    más en paz…

    Entonces no has retrocedido.

    Has avanzado, aunque haya sido en silencio.

    Y esa también es una forma válida —y valiente— de crecer.

    Gracias por formar parte de esta Tribu que crece sin pedir permiso.

    Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.

  • No estás cansada de la vida, estás cansada de cargarte

    Hay días en los que despertamos con el cuerpo pesado y el corazón aún más cansado. Nos decimos a nosotras mismas: “Estoy agotada de la vida”, pero si somos honestas, no es la vida la que pesa… es todo lo que hemos decidido cargar sin detenernos a soltar.

    No estás cansada de vivir.
    Estás cansada de ser fuerte todo el tiempo.
    De sostener a todos.
    De callar lo que duele.
    De avanzar sin pausa.

    El cansancio que no se ve

    Muchas mujeres no están físicamente enfermas, pero viven emocionalmente agotadas.

    Son mujeres que:
    • Siempre dicen que sí, aunque por dentro griten no.
    • Se exigen más de lo que el alma puede sostener.
    • Se responsabilizan por todo y por todos.
    • Siguen caminando aun cuando necesitan sentarse a llorar.

    Ese cansancio no se quita con dormir más horas.
    Ese cansancio viene de cargarte de expectativas, culpas, miedos y responsabilidades que no siempre te corresponden.

    Cuando te conviertes en tu última prioridad

    Nos enseñaron a dar, a servir, a estar disponibles. Y sí, eso es hermoso… hasta que te olvidas de ti.
    Hasta que te conviertes en la mujer que cuida a todos, pero se descuida a sí misma.

    Dios no te llamó a vivir agotada.
    No te llamó a vivir corriendo, sobreviviendo o apagándote en el proceso.
    Te llamó a vivir con propósito, con paz y con descanso.

    “Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo les daré descanso.”
    (Mateo 11:28)

    Cargar no es lo mismo que avanzar

    A veces confundimos fuerza con sacrificio constante.
    Creemos que avanzar es aguantar.
    Que amar es soportar.
    Que ser buena mujer es olvidarse de sí.

    Pero avanzar también es:


    • Aprender a soltar.
    • Poner límites sin culpa.
    • Decir “hoy no puedo”.
    • Reconocer que necesitas ayuda.

    No todo lo que cargas es tuyo.
    Y no todo lo que pesa merece seguir en tus manos.

    ¿Qué estás cargando que ya puedes soltar?

    Tal vez estás cargando:


    • Culpa por decisiones pasadas.
    • Miedo al qué dirán.
    • Relaciones que ya no nutren.
    • Expectativas que no son tuyas.
    • El papel de salvadora.

    Hoy quiero invitarte a preguntarte con amor:
    👉 ¿Qué estoy cargando que me está agotando?
    👉 ¿Esto me acerca a la vida que deseo o me aleja de mí?

    Soltar también es un acto de fe

    Soltar no es rendirse.
    Soltar es confiar.
    Es decirle a Dios: “Ya no puedo sola, y está bien”.

    Cuando sueltas, haces espacio.
    Espacio para la paz.
    Para la claridad.
    Para volver a escucharte.

    Y sobre todo, para recordar que tú también mereces descanso, cuidado y amor.

    Para cerrar…

    No estás cansada de la vida.
    Estás cansada de cargarte sin pausa.

    Hoy date permiso de soltar un poco.
    De respirar profundo.
    De elegirte sin culpa.

    Porque cuando una mujer se libera del peso innecesario, no solo descansa… también florece 🌿

    Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.

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  • No empieces el año corriendo: empieza el 2026 escuchándote

    Enero suele llegar con ruido.

    Listas interminables, metas urgentes, frases que dicen “este sí es tu año” y una presión silenciosa por hacerlo todo bien desde el primer día.

    Pero…

    ¿Y si este 2026 no lo empiezas corriendo?

    ¿Y si, antes de planificar, te escuchas?

    Este artículo no es una invitación a rendirte, sino a comenzar desde un lugar más honesto y amoroso contigo.

    🌿 El cansancio también merece espacio

    Tal vez terminaste el 2025 agradecida, pero cansada.

    O con aprendizajes, pero con el cuerpo pidiendo pausa.

    Y eso está bien.

    No todos los años se inician con la misma energía, y reconocerlo no te hace débil, te hace consciente.

    Escucharte implica preguntarte:

    • ¿Cómo está mi cuerpo hoy?

    • ¿Qué emociones traigo conmigo a este nuevo año?

    • ¿Qué necesito soltar antes de seguir avanzando?

    🌸 Escucharte es un acto de amor propio

    Vivimos acostumbradas a avanzar sin detenernos, a cumplir sin sentir, a responder sin preguntarnos si aún queremos eso.

    Escucharte no significa quedarte quieta.

    Significa moverte con intención.

    Cuando te escuchas:

    • eliges metas más reales

    • te permites ajustar el ritmo

    • te hablas con más compasión

    Y desde ahí, todo fluye distinto.

    ✍🏽 Un ejercicio sencillo para iniciar el 2026

    Antes de escribir objetivos, regálate este momento:

    Toma tu diario o una hoja en blanco y responde sin juicio:

    1. Hoy, ¿cómo me siento realmente?

    2. ¿Qué parte de mí necesita más cuidado este año?

    3. ¿Qué ya no quiero cargar en este nuevo ciclo?

    4. ¿Cómo quiero sentirme, más allá de lo que quiero lograr?

    No busques respuestas perfectas.

    Busca respuestas sinceras.

    🌼 El 2026 no necesita tu prisa, necesita tu presencia

    Este año no te pide que seas otra.

    Te pide que seas tú, completa, consciente y presente.

    Empieza escuchándote.

    Lo demás se irá acomodando.

    💛 Cierre

    Si este inicio de año resuena contigo, te invito a acompañarte con intención: escribe, respira, baja el ritmo y vuelve a ti.

    Porque cuando te escuchas, todo cobra sentido.

    Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.

  • Cerrar diciembre con intención: lo que suelto hoy para recibir el nuevo año en paz.

    Diciembre siempre llega cargado de emociones.
    Es el mes de los cierres, de las despedidas silenciosas, de los balances internos que no siempre se dicen en voz alta. Mientras el mundo corre entre fiestas, metas y resoluciones apresuradas, yo he decidido algo distinto: detenerme, mirar hacia adentro y cerrar este año con intención.

    Porque no quiero entrar al nuevo año desde el cansancio, la culpa o las expectativas ajenas.
    Quiero entrar ligera, clara y en paz conmigo.

    Cerrar ciclos no es olvidar, es honrar

    Durante mucho tiempo creí que cerrar ciclos era borrar lo vivido. Hoy entiendo que no se trata de olvidar, sino de reconocer lo que fue, agradecer lo aprendido y soltar lo que ya cumplió su propósito.

    Este año me enseñó que:
    • No todo lo que duele es un fracaso.
    • No todo lo que se va fue una pérdida.
    • Y no todo lo que permanece merece quedarse.

    Cerrar ciclos es un acto profundo de amor propio. Es decirme con honestidad: “hasta aquí, gracias”.

    Lo que suelto antes de que termine el año

    Antes de que el calendario marque un nuevo comienzo, elijo soltar conscientemente:
    • La autoexigencia extrema que me llevó a olvidarme de mí.
    • La culpa por no cumplir expectativas que nunca fueron mías.
    • El miedo a cambiar por comodidad.
    • Las versiones de mí que ya no me representan.

    Soltar no es rendirse.
    Soltar es hacer espacio para lo nuevo.

    Practicar el autoamor también es saber detenerse

    Este cierre de año no lo vivo desde la prisa, sino desde la presencia.
    He aprendido que el autoamor no siempre se ve bonito o productivo; a veces se ve como descanso, silencio, límites y decisiones incómodas.

    Autoamor es:
    • Escuchar mi cuerpo cuando pide pausa.
    • Elegirme incluso cuando no todos lo entienden.
    • Hablarme con la misma compasión que ofrezco a otros.

    Y sí, también es darme permiso de no tener todo resuelto todavía.

    Prepararme para el nuevo año desde la intención, no desde la presión

    No quiero iniciar el nuevo año con una lista infinita de metas que me desconecten de mí.
    Quiero iniciarlo con intenciones claras, alineadas con la mujer que estoy construyendo.

    Por eso me pregunto:
    • ¿Cómo quiero sentirme?
    • ¿Qué necesito priorizar?
    • ¿Qué versión de mí quiero sostener, incluso en los días difíciles?

    La intención transforma la meta en propósito.
    Y el propósito da sentido al camino.

    Un recordatorio para ti (y para mí)

    Si llegaste hasta aquí, quiero que sepas algo:
    No estás tarde. No estás rota. No estás fallando.

    Estás cerrando un capítulo para poder escribir el siguiente con mayor conciencia.

    Que este cierre de año no sea una despedida apresurada, sino un ritual íntimo de gratitud, honestidad y amor propio.

    Yo elijo cerrar este año en paz.
    Y abrir el próximo con claridad, intención y valentía.

    Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.

  • Cerrar el año sin culpa: cómo soltar lo que no fue y agradecer lo que sí.

    Cerrar el año sin culpa: cómo soltar lo que no fue y agradecer lo que sí.

    Brenda Goodman

    Hay un momento del año en el que todo parece gritar balance.

    Listas de logros, metas cumplidas, sueños alcanzados.

    Y, sin darnos cuenta, también aparece la culpa por lo que no hicimos, lo que no salió, lo que dejamos a medias.

    Pero cerrar un año no debería doler.

    Cerrar un año debería sanar.

    Hoy quiero invitarte a hacer algo diferente: cerrar este ciclo sin culpa, con honestidad y con amor propio.

    La trampa de “terminar el año bien”

    Nos enseñaron que diciembre es para celebrar éxitos, pero nadie nos enseñó qué hacer con:

    los planes que no se dieron, las versiones de nosotras que se cansaron, las decisiones que hoy entendemos mejor.

    Y entonces aparece esa voz interna que dice:

    “Debiste hacerlo mejor”

    “No avanzaste lo suficiente”

    “El año se te fue”

    Pero la verdad es esta:

    * Sobrevivir también es avanzar.

    * Descansar también es crecer.

    Cerrar ciclos no es borrar, es integrar

    Cerrar un ciclo no significa olvidar ni minimizar lo vivido.

    Significa reconocerlo sin juicio.

    Pregúntate con suavidad:

    ¿Qué aprendí este año, incluso de lo que dolió? ¿Qué versión de mí nació gracias a los retos? ¿Qué ya no quiero cargar al próximo año?

    No todo lo que termina fue un fracaso.

    Muchas cosas solo cumplieron su propósito y ya.

    Un ejercicio de journaling para cerrar el año

    Busca un espacio tranquilo, tu cuaderno y unos minutos solo para ti.

    Escribe sin corregirte:

    Este año me enseñó que…

    Algo que hice bien y casi no reconozco fue… Me perdono por…

    Agradezco profundamente…

    Elijo no llevar conmigo al próximo año…

    Respira.

    No tienes que resolverlo todo hoy. Solo sentirlo.

    Rituales sencillos (y reales) de cierre

    No necesitas grandes ceremonias. A veces lo más poderoso es lo simple:

    Ordenar un espacio mientras sueltas pensamientos viejos Escribir una carta al año que termina (no para publicarla, sino para liberarla) Agradecer en voz alta tres cosas antes de dormir Llorar si hace falta, sin explicaciones

    Cerrar también es permitirte sentir.

    Entrar al nuevo año con intención, no con exigencia

    No empieces el próximo año queriendo cambiarlo todo.

    Empiézalo escuchándote.

    Tal vez tu intención no sea “lograr más”, sino:

    vivir con más calma, ponerte como prioridad, ser más honesta contigo.

    Y eso también está bien.

    Para cerrar…

    Si este año no fue como esperabas, no te castigues.

    Abrázate.

    Sigues aquí. Sigues creando. Sigues siendo cambio.

    💫 No necesitas llegar perfecta al próximo año, solo llegar en paz.

    Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.

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