Creadora de Cambio. Mujer Resiliente.

Un blog para mujeres resilientes que transforman sus heridas en fuerza, su historia en propósito y sus sueños en inspiración para otras.

Etiqueta: Autoestima femenina

  • El renacer de la mujer: empezar de cero después de soltar, de la mano de Dios

    El renacer de la mujer: empezar de cero después de soltar, de la mano de Dios

    Hay un tipo de renacimiento que no se anuncia.

    Sucede en silencio.

    Comienza cuando una mujer, después de haber amado, esperado, resistido y, muchas veces, sobrevivido… decide soltar.

    Soltar relaciones que dolían.

    Soltar vínculos que agotaban.

    Soltar versiones de sí misma construidas desde la herida.

    Y aunque por momentos parezca un final, muchas veces es el principio más sagrado.

    Porque empezar de cero no es quedarse sin nada.

    Es volver a construir desde la verdad.

    Y cuando Dios guía ese proceso, el renacer no es solo emocional: es espiritual.

    Soltar también puede ser obedecer

    Hay despedidas que son actos de fe.

    Porque no todo lo que se ama conviene.

    No todo lo que se sostiene merece permanecer.

    A veces Dios permite que ciertas relaciones terminen porque ya cumplieron su propósito.

    Incluso cuando duele.

    Incluso cuando no lo entendemos de inmediato.

    Hay personas que llegan para acompañar estaciones, no destinos.

    Y aprender a soltar lo que roba paz también es una forma de honrar a Dios.

    Como dice Eclesiastés:

    “Todo tiene su tiempo…”

    También hay tiempo para dejar ir.

    El renacer de una mujer comienza cuando vuelve a Dios

    Antes de reconstruir una vida, muchas mujeres necesitan reconstruir su centro.

    Y ese centro, cuando se pone a Dios primero, deja de ser el dolor para convertirse en propósito.

    Porque cuando una mujer permite que Dios sea luz en medio de su proceso:

    • encuentra paz en la incertidumbre,
    • fuerza en la fragilidad,
    • dirección en el caos,
    • y esperanza cuando parece comenzar desde ruinas.

    No renace solo por su propia voluntad.

    Renace sostenida por gracia.

    7 susurros para la mujer que está empezando de nuevo

    1. Suelta con fe, no solo con dolor

    No mires cada pérdida como castigo.

    Algunas son poda.

    Y la poda siempre prepara fruto.

    Ora antes de aferrarte a lo que Dios está pidiendo que entregues.

    Susurro para el alma:

    Lo que Dios aparta, también puede estar protegiéndote.

    2. Pon a Dios primero en tu sanidad

    No hagas de una nueva relación tu refugio.

    Haz de Dios tu refugio primero.

    Busca a Dios antes que respuestas.

    Ora. Escribe. Guarda silencio. Escucha.

    Que Él sea tu fuerza durante el proceso.

    Como dice Isaías:

    “Los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas.”

    Y a veces renacer es exactamente eso:

    recibir nuevas fuerzas.

    Susurro para el alma:

    Cuando no sabes cómo seguir, deja que Dios te sostenga.

    3. No confundas empezar de cero con empezar vacía

    No llegas vacía.

    Llegas con aprendizaje.

    Con discernimiento.

    Con una versión más sabia de ti.

    Las heridas bien entregadas a Dios se convierten en enseñanza.

    Susurro para el alma:

    No estás comenzando desde cero; estás comenzando desde experiencia.

    4. Sana antes de volver a abrir el corazón

    No llenes silencios con presencias equivocadas.

    Permite que Dios restaure primero lo interno.

    Toda reconstrucción profunda necesita tiempo.

    Y lo que se sana con Dios no se sostiene desde carencia.

    Susurro para el alma:

    No apresures lo que Dios está sanando.

    5. Haz pequeños actos de renacimiento

    Renacer también está en lo cotidiano.

    Volver a leer.

    Volver a crear.

    Volver a soñar.

    Volver a sonreír sin culpa.

    Pequeños pasos también son resurrecciones.

    Susurro para el alma:

    Cada día que eliges levantarte, estás floreciendo.

    6. Rodéate de relaciones que honren tu paz

    Después de soltar vínculos dañinos, no vuelvas a lugares que te vacían.

    Busca relaciones que nutran.

    Amistades que oren contigo.

    Personas que te acerquen a Dios.

    Espacios donde tu alma repose.

    Susurro para el alma:

    Donde hay paz, Dios suele estar guiando.

    7. Cree que tu historia puede volver a florecer

    Este no es el final de tu historia.

    Es un capítulo de transformación.

    Dios no desperdicia procesos.

    Ni lágrimas.

    Ni temporadas difíciles.

    Él también hace belleza con lo quebrado.

    Como recuerda Isaías:

    “He aquí que yo hago cosa nueva.”

    Susurro para el alma:

    Dios también renueva mujeres cansadas.

    Una mujer que se elige con Dios, renace distinta

    Más consciente.

    Más libre.

    Más firme.

    Ya no ama desde necesidad, sino desde plenitud.

    Ya no se abandona para sostener relaciones.

    Ya no mendiga lo que sabe que merece.

    Porque entendió que cuando Dios es el centro, la identidad deja de depender de quien se queda o se va.

    Empezar de cero puede ser un milagro disfrazado

    A veces creemos que empezar de nuevo es una ruina.

    Y puede ser una resurrección.

    Lo que hoy parece pérdida quizás mañana se llame propósito.

    Lo que hoy duele quizás mañana sea testimonio.

    Lo que hoy estás soltando quizá estaba estorbando tu renacer.

    Para la mujer que está reconstruyéndose

    Si estás comenzando de nuevo…

    pon a Dios primero.

    Que sea tu luz cuando no veas claro.

    Tu fuerza cuando te falte ánimo.

    Tu refugio cuando extrañes lo que soltaste.

    Y recuerda:

    No estás solo sobreviviendo una despedida.

    Estás atravesando un renacimiento.

    Porque una mujer que se entrega a Dios en medio del proceso no solo sana…

    florece.

    Renacer no es volver a la mujer que eras.

    Es convertirte, con Dios, en la mujer que estás llamada a ser.

  • No es amor, es apego: cómo confundimos intensidad con conexión real

    No es amor, es apego: cómo confundimos intensidad con conexión real

    Hay relaciones que se sienten como fuego.

    Intensas, absorbentes, difíciles de soltar.

    Te hacen pensar en esa persona todo el día.

    Te aceleran el corazón… pero también te lo aprietan.

    Y entonces te convences:

    “Esto tiene que ser amor… porque lo siento demasiado fuerte.”

    Pero no.

    No siempre lo que se siente intenso… es sano.

    Y no todo lo que duele… es amor.

    A veces, lo que estás sintiendo no es amor.

    Es apego.

    ¿Qué es el apego disfrazado de amor?

    El apego no nace desde la elección, nace desde la necesidad.

    No eliges a la persona desde tu bienestar,

    la eliges desde el miedo a estar sola, desde el vacío, desde la herida.

    El apego se ve así:

    • Necesitas que esa persona te valide constantemente

    • Sientes ansiedad cuando no sabes de ella

    • Idealizas lo bueno y minimizas lo que te duele

    • Te cuesta imaginar tu vida sin esa relación

    No estás conectando desde el amor,

    estás aferrándote desde el miedo.

    ¿Por qué confundimos intensidad con amor?

    Porque nadie nos enseñó a amar desde la calma.

    Crecimos creyendo que el amor tenía que doler,

    que los celos eran una prueba de interés,

    que sufrir por alguien significaba que “valía la pena”.

    Y también porque hay heridas que no hemos sanado.

    Vacíos que queremos llenar con otra persona.

    Ausencias que intentamos compensar con presencia constante.

    Historias pasadas que nos hicieron creer que tenemos que “ganarnos” el amor.

    Entonces, cuando alguien llega y nos mueve todo…

    no lo cuestionamos.

    Lo llamawmos amor.

    Señales claras de que no es amor, es apego

    Detente un momento y sé honesta contigo:

    • ¿Sientes ansiedad cuando no responde?

    • ¿Te encuentras justificando cosas que sabes que no están bien?

    • ¿Te adaptas, te callas o te reduces para no perder a esa persona?

    • ¿Vives más en la incertidumbre que en la tranquilidad?

    Si amar te duele más de lo que te calma…

    no estás amando, estás resistiendo el abandono.

    Entonces… ¿qué sí es amor?

    El amor real no te confunde, te da claridad.

    No te quita paz, te la devuelve.

    No te hace dudar de tu valor, lo reafirma.

    El amor sano se siente como:

    • Tranquilidad emocional

    • Libertad para ser tú misma

    • Coherencia entre lo que dice y lo que hace

    • Espacio para crecer, no para encogerte

    No significa que sea perfecto.

    Significa que es estable, consciente y recíproco.

    La verdad que incomoda, pero libera

    Soltar el apego duele.

    Porque no solo estás soltando a una persona…

    Estás soltando la idea de lo que querías que fuera.

    La ilusión. La esperanza. La versión de ti que se quedaba.

    Pero también estás haciendo espacio.

    Para algo más real. Más sano. Más alineado contigo.

    No se trata de dejar de amar.

    Se trata de aprender a amar sin perderte.

    Porque el amor no se siente como una montaña rusa constante.

    El amor se siente como hogar.

    Y hogar… nunca debería doler.

  • Migajas emocionales: cuando aceptamos lo poco sabiendo que merecemos más

    Migajas emocionales: cuando aceptamos lo poco sabiendo que merecemos más

    Hay una verdad incómoda que muchas mujeres cargan en silencio: sabemos que merecemos más… pero aun así aceptamos menos.

    No menos porque no lo sepamos.

    No menos porque no lo sintamos.

    Sino menos porque, en algún punto de nuestra historia, aprendimos a conformarnos con migajas emocionales.

    Y lo más peligroso de esto no es que alguien nos dé poco…

    Es que nosotras aprendimos a justificarlo.

    ¿Qué son las migajas emocionales?

    Las migajas emocionales son pequeñas dosis de atención, afecto o interés que no llegan a satisfacer nuestras necesidades reales, pero que se presentan como “suficientes” en momentos de carencia.

    Son mensajes intermitentes.

    Promesas que nunca se concretan.

    Presencia a medias.

    Cariño condicionado.

    Es ese “te escribo cuando puedo”,

    ese “no estoy listo, pero no quiero perderte”,

    ese “tú sabes que te quiero… aunque no lo demuestre”.

    No es amor completo.

    Es lo mínimo… disfrazado de algo más.

    ¿Por qué aceptamos tan poco?

    Aquí no se trata de debilidad.

    Se trata de historia.

    Aceptamos migajas emocionales cuando:

    Confundimos intensidad con amor

    Creemos que si duele, si cuesta, si es inestable… entonces es real.

    Tenemos miedo a quedarnos solas

    Preferimos un “casi algo” a enfrentar el vacío de empezar de nuevo.

    • Nos acostumbramos a la inconsistencia

    Si crecimos con afecto intermitente, lo normalizamos en la adultez.

    Pensamos que podemos “hacer que funcione”

    Nos convertimos en salvadoras de relaciones que nunca estuvieron completas.

    Olvidamos nuestro valor

    Y empezamos a negociar lo que antes sabíamos que no era negociable.

    Las señales que muchas veces ignoramos

    Aceptar migajas no pasa de golpe.

    Pasa poco a poco… hasta que te acostumbras.

    Algunas señales claras:

    • Te emocionas demasiado por lo mínimo que hace

    • Justificas sus ausencias más de lo que celebras sus presencias

    • Sientes ansiedad constante en lugar de paz

    • Das mucho más de lo que recibes

    • Vives esperando que cambie

    Y en el fondo… sabes la verdad.

    Pero decides quedarte.

    El autoengaño más común

    Nos contamos historias para no soltar:

    “Está pasando por un momento difícil”

    “No sabe amar mejor”

    “Conmigo va a cambiar”

    “No todo puede ser perfecto”

    Pero la realidad es esta:

    El amor sano no te hace sentir en carencia constante.

    El amor real no te deja dudando de tu lugar.

    Aceptar migajas no es amor…

    Es una forma de abandono propio.

    El costo emocional de conformarte

    Cada vez que aceptas menos de lo que mereces:

    • Te desconectas de ti

    • Pierdes claridad emocional

    • Normalizas relaciones vacías

    • Refuerzas la idea de que “eso es lo que te toca”

    Y lo más fuerte:

    empiezas a creer que pedir más es exigir demasiado.

    El punto de quiebre: cuando despiertas

    Llega un momento —y ojalá lo reconozcas a tiempo— en el que te cansas.

    Te cansas de esperar.

    De justificar.

    De dar sin recibir.

    De sentirte a medias.

    Y ahí ocurre algo poderoso:

    dejas de conformarte.

    No porque el otro cambió…

    Sino porque tú despertaste.

    Cómo dejar de aceptar migajas emocionales

    Este proceso no es solo “alejarte de alguien”.

    Es volver a ti.

    1. Reconoce lo que estás permitiendo

    Sin excusas. Sin romantizar.

    2. Define lo que realmente mereces

    Amor claro, recíproco, presente.

    3. Aprende a tolerar la incomodidad de soltar

    Porque sí, duele… pero libera.

    4. Trabaja tu amor propio desde la acción

    No es solo decirlo. Es demostrarlo con decisiones.

    5. Pon límites, incluso cuando te tiemble la voz

    Ahí empieza el verdadero cambio.

    No es que pidas mucho… es que estabas recibiendo muy poco

    Este es el recordatorio que necesitas:

    No eres intensa.

    No eres difícil.

    No estás pidiendo demasiado.

    Simplemente dejaste de conformarte con lo mínimo.

    Y eso…

    eso cambia toda tu vida.

    Si este tema conecta contigo, quizás es momento de preguntarte con honestidad:

    ¿Estoy recibiendo lo que merezco… o me estoy acostumbrando a menos?

    Porque el amor que mereces no llega cuando lo persigues…

    Llega cuando dejas de aceptar lo que no está a tu altura.

    Con amor Brenda Goodman

    Compártelo a esa amiga que sabes que lo necesita, si alguna vez te has sentido identificada déjanos tu comentario, el mismo sirve para ayudar a otras.

    Dios te bendice

  • La Herida de la «Mujer Siempre Ocupada»: Cuando el cansancio es nuestra única armadura. 

    Hay un cansancio que no se quita durmiendo. Es el cansancio de la mujer que ha convertido el movimiento en su refugio. La vemos siempre con las manos llenas: ordenando una esquina que ya estaba limpia, organizando agendas ajenas, resolviendo problemas que no le pertenecen. Es la mujer que, si se queda quieta cinco minutos, siente que se desmorona.

    Esa hiperactividad no es solo «ganas de ayudar». A menudo, es una herida abierta que intenta sanarse a través del hacer, porque el sentir duele demasiado.

    El refugio del quehacer

    Para muchas de nosotras, estar ocupadas es una estrategia de supervivencia. Mientras el cuerpo se mueve, la mente no tiene espacio para recordar. Si la casa está impecable, sentimos que nuestra vida también lo está. Pero es un espejismo.

    Detrás de la mujer que no prioriza su salud, que ignora su dolor de espalda o que pospone su bienestar emocional, hay una niña que aprendió que su valor dependía de su utilidad. «Si soy útil, soy necesaria; si soy necesaria, no me dejarán sola». Así, el autocuidado se siente como un peligro, porque implica detenerse y enfrentarse al silencio donde habitan las heridas del pasado.

    El eco del reclamo: «Nadie me cuida»

    Es muy humano caer en el ciclo del reproche. Al darlo todo de manera desmedida, terminamos mirando a nuestro alrededor con amargura, reclamando a los hijos, a la pareja o a los amigos por no darnos ese cuidado que nosotras mismas nos negamos.

    Criticamos al otro por su «falta de atención», pero esa crítica es, en el fondo, un espejo de nuestra propia negligencia. Es doloroso aceptar que estamos esperando que alguien más nos dé el permiso de descansar, cuando ese permiso solo puede venir de nuestro propio corazón. El resentimiento es el veneno que tomamos esperando que el otro se dé cuenta de nuestra sed.

    Volver a casa (a ti misma)

    Sanar no significa tener la casa perfecta, sino estar en paz dentro de tu propia piel. Para la mujer que siempre busca qué hacer, el mayor acto de valentía no es trabajar más, sino aprender a no hacer nada.

     * Abraza tu vulnerabilidad: No eres una máquina de servicio. Eres un ser humano con derecho a estar cansada, a estar triste y a no tener todas las respuestas.

     * Haz las paces con el silencio: El silencio no es un enemigo; es el lugar donde tu alma puede finalmente hablarte. Escucha lo que tu cuerpo intenta decirte a través de ese cansancio crónico.

     * Reclama tu prioridad: Priorizar tu salud física y emocional no es un acto de egoísmo, es un acto de justicia. No puedes sostener un hogar si tú misma estás rota por dentro.

    Creadoras de Cambio, hoy te invito a soltar esa carga que nadie te pidió llevar. Permítete ser la prioridad de tu propia vida. Deja que el polvo se asiente por un momento y ocúpate de lo único que realmente no puede esperar: tu propia sanación.

    Si este mensaje habló a tu corazón compártelo con esa mujer que siempre se pospone.

    Con amor Brenda Goodman

  • Valores en extinción: cómo su ausencia está rompiendo nuestras relaciones

    Valores en extinción: cómo su ausencia está rompiendo nuestras relaciones

    Vivimos en un tiempo donde todo avanza rápido: la tecnología, la información, las modas y hasta la forma de relacionarnos. Sin embargo, en medio de esa prisa hemos ido dejando atrás algo esencial: los valores que sostenían nuestras familias y comunidades.

    No desaparecieron de un día para otro. Se fueron apagando poco a poco, entre el “no tengo tiempo”, el “eso ya no se usa” y el “cada quien que viva como quiera”. Hoy vemos las consecuencias en hogares fracturados, amistades superficiales y una sociedad cada vez más fría.

    ¿Cuáles son esos valores que estamos perdiendo?

    1. El respeto

    Antes se respetaba la palabra del otro, a los mayores, a la pareja, al maestro. Hoy el irrespeto se disfraza de “sinceridad” y de “libertad de expresión”. Hablamos sin pensar y herimos sin remordimiento.

    2. La empatía

    Nos cuesta ponernos en el lugar del otro. Opinamos desde nuestras heridas y no desde el amor. Las redes nos enseñaron a juzgar, pero no a comprender.

    3. El compromiso

    Las relaciones se volvieron desechables: si algo incomoda, se abandona. Pasa en el matrimonio, en la amistad y hasta en la crianza.

    4. La honestidad

    Mentir se ha normalizado. Pequeñas trampas, verdades a medias, apariencias que sostener. Y donde no hay verdad, no puede haber confianza.

    5. La responsabilidad

    Cada vez menos personas asumen las consecuencias de sus decisiones. Siempre hay un culpable externo: la pareja, el gobierno, los padres, la escuela.

    El impacto en nuestras relaciones

    Cuando los valores se debilitan, las relaciones también.

    Las parejas discuten más y dialogan menos.

    Los hijos crecen con límites borrosos.

    La amistad se vuelve interés.

    La comunidad deja de ser refugio para convertirse en campo de batalla.

    No es casual que haya tanta soledad en una época “hiperconectada”.

    Recuperar los valores es un acto revolucionario

    No podemos cambiar el mundo de golpe, pero sí nuestro pequeño entorno.

    • Practicando el respeto en casa.

    • Enseñando a nuestros hijos con ejemplo y no solo con discursos.

    • Siendo mujeres coherentes entre lo que decimos y hacemos.

    • Volviendo a la fe, al perdón y al diálogo.

    Los valores no son antiguos: son eternos. Y cada mujer que decide vivirlos se convierte en una verdadera creadora de cambio.

    Para reflexionar

    ¿En qué momento dejaste de saludar al vecino?

    ¿Cuándo fue la última vez que pediste perdón de verdad?

    ¿Qué valores estás modelando a tus hijas?

    El cambio comienza en nosotras.

    Comparte este artículo con alguien que lo necesita, no olvides suscribirte y regálame tu comentario.

  • 🌸 La mujer valiente: el poder de decidir y confiar en Dios.

    🌸 La mujer valiente: el poder de decidir y confiar en Dios.

    Separarse, llevar sobre los hombros el peso del hogar y tomar la decisión de ser madre soltera no es un acto de debilidad, sino de valor y amor profundo. Detrás de esa elección hay noches de oración, lágrimas escondidas y un corazón que ya había tomado la decisión mucho antes de dar el paso definitivo.

    Porque cuando una mujer se va del hogar, en realidad, esa separación comenzó tiempo atrás en su interior. El adiós físico es la confirmación de una decisión espiritual y emocional que ya estaba tomada.

    La fe: sostén en medio de la tormenta

    Cuando la mujer se aferra a Dios, encuentra fuerzas que ella misma no sabía que tenía. La fe se convierte en la brújula que guía sus pasos y en la luz que ilumina su camino.

                •          La Palabra le da discernimiento.

                •          La oración le da paz.

                •          La fe le da fuerzas para no rendirse.

    Confiada en el Señor, la mujer se reviste de la armadura espiritual de la que habla la Biblia y entiende que su batalla no la libra sola, sino tomada de la mano de Dios.

    💖 Amor propio y crianza con valores

    Ser madre soltera no significa estar incompleta, significa reconocer el valor propio y decidir criar a los hijos en un ambiente de respeto, amor y fe.

                •          Se cuida a sí misma, porque sabe que su bienestar es el ejemplo de sus hijos.

                •          Aprende a no depender de una pareja para sentirse amada.

                •          Enseña con su vida que la dignidad y el amor propio son innegociables.

    Sus hijos crecen viendo en ella a una mujer fuerte, resilientes y confiada en Dios. Y eso se convierte en la mayor enseñanza de vida: ser valiente sin perder la ternura, ser firme sin dejar de amar.

    🌿 El tiempo de Dios es perfecto

    Después de la tormenta llega la calma. Cuando la mujer sana, sus cicatrices cierran y su corazón vuelve a estar en paz. Entonces comprende que no necesita rogar amor ni vivir de pareja en pareja por miedo a la soledad.

    Porque en realidad nunca está sola: Dios siempre la acompaña.

    Y si un nuevo amor llega, será en el momento correcto, cuando ella esté lista, plena y segura. Porque cada cosa llega en el tiempo perfecto de Dios, ni antes ni después.

    🌸 Mensaje final

    Mujer, si hoy estás atravesando una separación o comenzando el camino como madre soltera, recuerda:

                •          Tu decisión no es derrota, es valentía.

                •          Tus hijos serán bendecidos por tu fe.

                •          Dios nunca te dejará sola.

    Confía, camina firme y cree. Lo mejor está por venir. 🙏✨

  • ✨ La mujer que se redescubre: entre la exigencia social y la autenticidad personal

    ✨ La mujer que se redescubre: entre la exigencia social y la autenticidad personal

    Desde pequeñas, muchas mujeres crecen escuchando lo que “deben ser”: buenas hijas, excelentes estudiantes, profesionales intachables, esposas entregadas, madres perfectas, amigas incondicionales. La lista parece interminable y, al mismo tiempo, inalcanzable.

    La sociedad nos coloca un traje de exigencias que rara vez nos queda a la medida. Intentamos ajustarlo con sacrificios, silencios y esfuerzos desmedidos. Pero en ese intento por cumplir con todo, muchas veces nos perdemos a nosotras mismas.

    🌱 Redescubrirse es un acto de valentía. Es detenerse en medio del ruido y preguntarse:

    • ¿Quién soy realmente detrás de los roles que desempeño?

    • ¿Qué quiero para mí, más allá de lo que esperan los demás?

    • ¿Qué partes de mí he dejado dormidas por miedo a no encajar?

    El redescubrimiento no significa abandonar responsabilidades, sino aprender a habitarlas desde un lugar más auténtico, menos rígido y más humano. Significa abrazar nuestras imperfecciones, reconocer que no todo tiene que salir perfecto y que cada error también forma parte del aprendizaje.

    💜 La autenticidad es libertad.

    Es elegir mostrarnos tal cual somos, con fortalezas y vulnerabilidades, sin necesidad de competir ni de demostrar constantemente nuestro valor. Y en ese camino, se vuelve vital que como mujeres dejemos de juzgarnos y aprendamos a celebrarnos unas a otras.

    Porque la verdadera fuerza no está en “poder con todo”, sino en reconocer nuestras limitaciones, pedir ayuda cuando la necesitamos y apoyarnos mutuamente.

    Hoy quiero recordarte:

    👉 No eres lo que otros esperan, eres lo que decides construir de ti misma.

    👉 No necesitas cumplir con un molde, tu autenticidad ya es suficiente.

    👉 Redescubrirte es darte la oportunidad de volver a brillar desde tu propia esencia.

    La mujer que se redescubre no es la que lo tiene todo “perfectamente bajo control”, sino la que se atreve a vivir en coherencia con lo que siente, piensa y sueña.

    Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.