Mujer Resiliente. Creadora de Cambio

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  • Maternidad y Pareja: cómo ser mujer sin perderte en el proceso.

    Maternidad y Pareja: cómo ser mujer sin perderte en el proceso.

    Ser madre transforma.
    Ser pareja compromete.
    Pero ser mujer… sostiene.

    Muchas veces, en medio de pañales, responsabilidades, cuentas, colegio, trabajo y compromisos, la mujer empieza a desaparecer silenciosamente. No porque dejó de existir, sino porque dejó de priorizarse.

    Y ahí comienza el desgaste.

    La maternidad no debe borrar tu identidad

    La maternidad es una de las experiencias más profundas que puede vivir una mujer. Nos enseña paciencia, entrega, resiliencia. Pero también puede absorbernos por completo si no aprendemos a poner límites saludables.

    El error no es amar intensamente a los hijos.
    El error es creer que ser buena madre implica dejar de ser mujer.

    Cuando tu identidad queda reducida únicamente a “mamá”, empiezas a desconectarte de:
    • Tus sueños personales
    • Tu crecimiento profesional
    • Tu espiritualidad
    • Tu cuidado emocional
    • Tu feminidad

    Y eso, tarde o temprano, impacta también tu relación de pareja.

    La pareja no debe convertirse en una obligación funcional

    Después de los hijos, muchas parejas entran en modo supervivencia:
    • Resolver logística
    • Cumplir responsabilidades
    • Dividir tareas
    • Dormir agotados

    Pero olvidan algo esencial: la conexión emocional.

    No eres solo madre de sus hijos.
    Eres mujer.
    Eres compañera.
    Eres proyecto compartido.

    Cuando la relación se reduce a “equipo de crianza”, la intimidad emocional comienza a debilitarse.

    ¿Por qué muchas mujeres se pierden en el proceso?

    Porque culturalmente se nos enseñó que sacrificarse es sinónimo de amor.

    Pero el sacrificio constante sin renovación produce:
    • Resentimiento silencioso
    • Cansancio crónico
    • Frustración no expresada
    • Sensación de invisibilidad

    Y una mujer que se siente invisible empieza a apagarse.

    Cómo ser madre, pareja y seguir siendo tú

    Aquí no hablamos de equilibrio perfecto. Hablamos de conciencia intencional.

    1. Agenda tiempo para ti (y cúmplelo)

    No es egoísmo. Es mantenimiento emocional.
    Leer, caminar, escribir, orar, hacer ejercicio, emprender… lo que te reconecte contigo.

    Si no lo agendas, no ocurre.

    1. Comunica lo que sientes

    Tu pareja no adivina tu agotamiento emocional.
    Habla sin atacar. Explica sin culpar. Pide sin miedo.

    La comunicación madura fortalece la relación.

    1. No abandones tus metas personales

    Tus hijos necesitan una madre plena, no una madre anulada.
    Cuando trabajas en tus sueños, modelas propósito.

    Una mujer que crece inspira.

    1. Redefine la intimidad

    La intimidad no es solo física.
    Es conversación profunda.
    Es complicidad.
    Es volver a mirarse como al principio.

    Aunque tengan hijos, necesitan espacios como pareja.

    1. Cuida tu identidad espiritual

    La maternidad exige fortaleza interna.
    La pareja exige madurez emocional.
    Ambas se sostienen mejor cuando tu vida espiritual está firme.

    Una mujer conectada con su propósito difícilmente se pierde.

    No estás llamada a desaparecer

    Ser madre es una parte de tu identidad.
    Ser pareja es una dimensión de tu vida.
    Pero ser mujer es tu esencia.

    No naciste solo para sostener a otros.
    También naciste para florecer.

    Cuando una mujer aprende a equilibrar sus roles sin anularse, se convierte en una verdadera creadora de cambio dentro de su hogar.

    Y el cambio empieza por ti.

    ¿Te has sentido perdida entre la maternidad y la relación de pareja?
    Te leo en los comentarios. Este espacio es para crecer juntas.

    Con amor y propósito,
    Brenda Goodman
    Creadora de Cambio

  • Valores en extinción: cómo su ausencia está rompiendo nuestras relaciones

    Valores en extinción: cómo su ausencia está rompiendo nuestras relaciones

    Vivimos en un tiempo donde todo avanza rápido: la tecnología, la información, las modas y hasta la forma de relacionarnos. Sin embargo, en medio de esa prisa hemos ido dejando atrás algo esencial: los valores que sostenían nuestras familias y comunidades.

    No desaparecieron de un día para otro. Se fueron apagando poco a poco, entre el “no tengo tiempo”, el “eso ya no se usa” y el “cada quien que viva como quiera”. Hoy vemos las consecuencias en hogares fracturados, amistades superficiales y una sociedad cada vez más fría.

    ¿Cuáles son esos valores que estamos perdiendo?

    1. El respeto

    Antes se respetaba la palabra del otro, a los mayores, a la pareja, al maestro. Hoy el irrespeto se disfraza de “sinceridad” y de “libertad de expresión”. Hablamos sin pensar y herimos sin remordimiento.

    2. La empatía

    Nos cuesta ponernos en el lugar del otro. Opinamos desde nuestras heridas y no desde el amor. Las redes nos enseñaron a juzgar, pero no a comprender.

    3. El compromiso

    Las relaciones se volvieron desechables: si algo incomoda, se abandona. Pasa en el matrimonio, en la amistad y hasta en la crianza.

    4. La honestidad

    Mentir se ha normalizado. Pequeñas trampas, verdades a medias, apariencias que sostener. Y donde no hay verdad, no puede haber confianza.

    5. La responsabilidad

    Cada vez menos personas asumen las consecuencias de sus decisiones. Siempre hay un culpable externo: la pareja, el gobierno, los padres, la escuela.

    El impacto en nuestras relaciones

    Cuando los valores se debilitan, las relaciones también.

    Las parejas discuten más y dialogan menos.

    Los hijos crecen con límites borrosos.

    La amistad se vuelve interés.

    La comunidad deja de ser refugio para convertirse en campo de batalla.

    No es casual que haya tanta soledad en una época “hiperconectada”.

    Recuperar los valores es un acto revolucionario

    No podemos cambiar el mundo de golpe, pero sí nuestro pequeño entorno.

    • Practicando el respeto en casa.

    • Enseñando a nuestros hijos con ejemplo y no solo con discursos.

    • Siendo mujeres coherentes entre lo que decimos y hacemos.

    • Volviendo a la fe, al perdón y al diálogo.

    Los valores no son antiguos: son eternos. Y cada mujer que decide vivirlos se convierte en una verdadera creadora de cambio.

    Para reflexionar

    ¿En qué momento dejaste de saludar al vecino?

    ¿Cuándo fue la última vez que pediste perdón de verdad?

    ¿Qué valores estás modelando a tus hijas?

    El cambio comienza en nosotras.

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