Creadora de Cambio. Mujer Resiliente.

Un blog para mujeres resilientes que transforman sus heridas en fuerza, su historia en propósito y sus sueños en inspiración para otras.

Etiqueta: Gestión del tiempo

  • ¿Con quién dejar a tus hijos en vacaciones? Una guía para madres que trabajan sin sentirse culpables.

    ¿Con quién dejar a tus hijos en vacaciones? Una guía para madres que trabajan sin sentirse culpables.

    Las vacaciones escolares llegan llenas de emoción para los niños. Sueñan con dormir un poco más, jugar sin prisas y disfrutar de días diferentes. Pero para muchas madres, esta temporada trae consigo una pregunta que pesa en el corazón:

    ¿Con quién voy a dejar a mis hijos mientras trabajo?

    Si tú también te has hecho esa pregunta, quiero que sepas algo desde el principio: no estás sola.

    Ser mamá significa tomar decisiones todos los días, incluso aquellas que nos hacen sentir inseguras. Y aunque muchas veces aparece la culpa por no poder estar presentes todo el tiempo, también es cierto que trabajar para brindarles bienestar a nuestros hijos es una forma de amarlos.

    En este artículo quiero acompañarte y compartir contigo algunas recomendaciones que pueden ayudarte a vivir estas vacaciones con más tranquilidad y menos culpa.


    La culpa no debe acompañarte durante las vacaciones

    Es normal sentir tristeza cuando debes salir a trabajar mientras tus hijos están en casa. Quizá piensas que otras madres pueden dedicarles más tiempo o que ellos preferirían que estuvieras con ellos todo el día.

    Pero la realidad es que cada familia tiene circunstancias diferentes.

    Trabajar no te hace una mala madre. Al contrario, muchas veces es el esfuerzo que permite llevar alimento, educación y estabilidad a tu hogar.

    No te juzgues por hacer lo necesario para sacar adelante a tu familia.


    Antes de decidir con quién dejar a tus hijos

    No se trata solo de encontrar a alguien disponible, sino de asegurarte de que tus hijos estarán en un lugar donde se sientan seguros, respetados y bien cuidados.

    Antes de tomar una decisión, pregúntate:

    • ¿Es una persona de mi absoluta confianza?
    • ¿Mis hijos se sienten cómodos con ella?
    • ¿Comparte valores similares a los que quiero enseñar en casa?
    • ¿Puede responder adecuadamente ante una emergencia?
    • ¿Mantendrá una comunicación constante conmigo?

    La tranquilidad de una madre comienza cuando sabe que sus hijos están en buenas manos.



    Algunas opciones que pueden ayudarte

    Cada familia es diferente, por eso no existe una única respuesta correcta. Estas son algunas alternativas que muchas madres consideran durante las vacaciones:

    Abuelos o familiares cercanos

    Cuando existe una relación sana y de confianza, pueden convertirse en un gran apoyo para los niños.

    Tíos o padrinos

    Muchas veces disfrutan compartir tiempo con los pequeños y pueden ayudar durante algunos días de la semana.

    Cuidadoras recomendadas

    Si necesitas contratar a alguien, procura que sea una persona con buenas referencias y, si es posible, conocida por alguien de tu confianza.

    Campamentos o actividades de verano

    Además de mantener a los niños ocupados, les permiten aprender, hacer amigos y desarrollar nuevas habilidades.

    Apoyo entre otras madres

    Algunas familias organizan turnos para cuidar a los niños ciertos días de la semana, creando una red de apoyo que beneficia a todos.


    Si tus hijos permanecerán en casa

    Si por su edad pueden quedarse algunas horas en casa o estarán con un adulto mientras trabajas, una buena organización hará la diferencia.

    Puedes preparar:

    • Un horario sencillo para el día.
    • Meriendas listas.
    • Actividades de lectura o manualidades.
    • Reglas claras sobre el uso de pantallas.
    • Números de emergencia visibles.
    • Horarios para llamarlos o hacer una videollamada.

    Los niños también necesitan estructura durante las vacaciones. Saber qué hacer les brinda seguridad.


    Lo más importante sigue siendo tu presencia emocional

    A veces pensamos que nuestros hijos necesitan grandes planes o estar todo el día con nosotros.

    La realidad es que muchas veces lo que más recuerdan son los pequeños momentos.

    Una conversación durante la cena.

    Una oración antes de dormir.

    Escuchar cómo les fue en el día.

    Leer un cuento juntos.

    Abrazarlos al llegar a casa.

    No subestimes esos instantes. Son los que fortalecen el vínculo entre ustedes.


    Un mensaje para ti, mamá

    Si hoy estás preocupada porque debes trabajar mientras tus hijos disfrutan de sus vacaciones, quiero recordarte algo.

    No eres una mala madre por cumplir con tus responsabilidades.

    Eres una mujer que cada día hace lo mejor que puede con los recursos que tiene.

    Tus hijos no necesitan una mamá perfecta; necesitan una mamá que los ame, que los cuide y que, aun en medio del cansancio, siga haciéndoles sentir que son importantes.

    Si hoy sientes culpa, entrégasela a Dios. Pídele sabiduría para tomar buenas decisiones y paz para confiar en que Él también cuida de tus hijos cuando tú no puedes estar a su lado.

    Porque mientras tú trabajas con amor por su bienestar, Dios sigue velando por ellos.


    Las vacaciones escolares no tienen que convertirse en una temporada de angustia. Con organización, apoyo y decisiones tomadas con sabiduría, es posible encontrar un equilibrio entre el trabajo y el cuidado de tus hijos.

    Recuerda que el amor de una madre no se mide por las horas que pasa en casa, sino por la dedicación, el ejemplo y el cariño que deja en el corazón de sus hijos.

    Con amor Brenda Goodman

  • La Herida de la «Mujer Siempre Ocupada»: Cuando el cansancio es nuestra única armadura. 

    Hay un cansancio que no se quita durmiendo. Es el cansancio de la mujer que ha convertido el movimiento en su refugio. La vemos siempre con las manos llenas: ordenando una esquina que ya estaba limpia, organizando agendas ajenas, resolviendo problemas que no le pertenecen. Es la mujer que, si se queda quieta cinco minutos, siente que se desmorona.

    Esa hiperactividad no es solo «ganas de ayudar». A menudo, es una herida abierta que intenta sanarse a través del hacer, porque el sentir duele demasiado.

    El refugio del quehacer

    Para muchas de nosotras, estar ocupadas es una estrategia de supervivencia. Mientras el cuerpo se mueve, la mente no tiene espacio para recordar. Si la casa está impecable, sentimos que nuestra vida también lo está. Pero es un espejismo.

    Detrás de la mujer que no prioriza su salud, que ignora su dolor de espalda o que pospone su bienestar emocional, hay una niña que aprendió que su valor dependía de su utilidad. «Si soy útil, soy necesaria; si soy necesaria, no me dejarán sola». Así, el autocuidado se siente como un peligro, porque implica detenerse y enfrentarse al silencio donde habitan las heridas del pasado.

    El eco del reclamo: «Nadie me cuida»

    Es muy humano caer en el ciclo del reproche. Al darlo todo de manera desmedida, terminamos mirando a nuestro alrededor con amargura, reclamando a los hijos, a la pareja o a los amigos por no darnos ese cuidado que nosotras mismas nos negamos.

    Criticamos al otro por su «falta de atención», pero esa crítica es, en el fondo, un espejo de nuestra propia negligencia. Es doloroso aceptar que estamos esperando que alguien más nos dé el permiso de descansar, cuando ese permiso solo puede venir de nuestro propio corazón. El resentimiento es el veneno que tomamos esperando que el otro se dé cuenta de nuestra sed.

    Volver a casa (a ti misma)

    Sanar no significa tener la casa perfecta, sino estar en paz dentro de tu propia piel. Para la mujer que siempre busca qué hacer, el mayor acto de valentía no es trabajar más, sino aprender a no hacer nada.

     * Abraza tu vulnerabilidad: No eres una máquina de servicio. Eres un ser humano con derecho a estar cansada, a estar triste y a no tener todas las respuestas.

     * Haz las paces con el silencio: El silencio no es un enemigo; es el lugar donde tu alma puede finalmente hablarte. Escucha lo que tu cuerpo intenta decirte a través de ese cansancio crónico.

     * Reclama tu prioridad: Priorizar tu salud física y emocional no es un acto de egoísmo, es un acto de justicia. No puedes sostener un hogar si tú misma estás rota por dentro.

    Creadoras de Cambio, hoy te invito a soltar esa carga que nadie te pidió llevar. Permítete ser la prioridad de tu propia vida. Deja que el polvo se asiente por un momento y ocúpate de lo único que realmente no puede esperar: tu propia sanación.

    Si este mensaje habló a tu corazón compártelo con esa mujer que siempre se pospone.

    Con amor Brenda Goodman