Hay temporadas en la vida en las que parece que todo se desmorona al mismo tiempo.
Personas que prometieron quedarse se alejan. Puertas que pensabas que permanecerían abiertas se cierran. Aquellos de quienes esperabas apoyo dejan de estar. Y, de repente, tienes que aprender a caminar con heridas que nadie ve, mientras intentas mantenerte de pie delante de los demás.
Yo conozco esa sensación.
He vivido momentos en los que sentí que el mundo me daba la espalda. Momentos en los que tuve que enfrentar pérdidas, cambios, incertidumbre y comenzar nuevamente cuando no era precisamente lo que había planeado.
Pero fue precisamente allí donde descubrí algo que hoy puedo decir con certeza:
Cuando el mundo me dio la espalda, Dios se convirtió en mi socorro, mi sustento y mi proveedor.
No siempre cambió las circunstancias inmediatamente.
Primero cambió mi manera de atravesarlas.
Y en medio de mi proceso aprendí que hay temporadas que no llegan para destruirnos, sino para formar en nosotras la mujer que necesitaremos ser para sostener aquello que Dios tiene preparado.
Dios también estuvo con mujeres que tuvieron que comenzar de nuevo
Cuando leemos la Biblia, descubrimos que las mujeres que Dios utilizó no tuvieron vidas perfectas.
Muchas atravesaron abandono, pérdidas, incertidumbre, rechazo, esterilidad, pobreza, desplazamiento, miedo y situaciones que parecían no tener salida.
Pero ninguna de sus historias terminó en el lugar donde comenzó su dolor.
Agar: cuando te sientes expulsada y sin recursos
Agar fue enviada al desierto con su hijo. Humanamente, parecía que no había futuro.
Pero en el desierto Dios la encontró.
Ella llegó a un lugar donde probablemente no veía provisión, pero Dios ya había visto lo que ella necesitaba.
El Señor escuchó su aflicción y le mostró un pozo.
Qué hermoso recordatorio para nosotras:
Puede que tú estés viendo desierto, mientras Dios ya está viendo provisión.
No confundas la ausencia de recursos con la ausencia de Dios.
Él puede hacer aparecer un pozo donde tú solamente veías arena.
Rut: cuando perderlo todo se convierte en el comienzo de una nueva historia
Rut conoció la pérdida.
Perdió a su esposo y quedó en una situación de incertidumbre. Sin embargo, decidió caminar junto a Noemí y comenzar nuevamente en un lugar desconocido.
Rut no sabía cómo terminaría su historia.
Solo sabía cuál era el siguiente paso.
Y eso también es fe.
A veces queremos que Dios nos muestre todo el camino antes de obedecer, pero Dios muchas veces solamente nos muestra el próximo paso.
Rut salió de Moab sin saber que estaba caminando hacia una nueva familia, un nuevo propósito y una historia que terminaría formando parte de la genealogía de Jesús.
Tu capítulo actual no determina el final de tu historia.
Ana: cuando tu dolor se convierte en una oración
Ana cargó durante años con un dolor que los demás no podían solucionar.
Lloró, oró y derramó su corazón delante de Dios.
Su historia nos enseña algo poderoso: podemos llegar delante de Dios sin máscaras.
Puedes llorar.
Puedes decirle que estás cansada.
Puedes reconocer que no entiendes lo que está pasando.
Puedes llevarle tus preguntas.
Dios no necesita que finjas fortaleza delante de Él.
Ana encontró en la presencia de Dios el lugar donde podía depositar aquello que llevaba tanto tiempo cargando.
Y después de aquel encuentro, algo comenzó a cambiar dentro de ella.
A veces, antes de que Dios cambie lo que está alrededor de ti, comienza a transformar lo que está dentro de ti.
Ester: cuando tu proceso te prepara para tu propósito
Ester tampoco llegó al lugar que ocupó por casualidad.
Su historia estuvo marcada por circunstancias que ella no escogió, pero Dios utilizó su posición para algo mucho más grande que ella misma.
Llegó un momento en que tuvo que decidir si permanecería callada o si asumiría el propósito para el cual había sido colocada allí.
Y eso nos habla directamente a nosotras.
Hay temporadas en las que Dios nos lleva por procesos que no entendemos porque está desarrollando en nosotras el carácter necesario para aquello que viene.
El proceso no siempre es el castigo. Muchas veces es la preparación.
No desprecies el proceso
Hay algo que he aprendido en mi propia historia:
No debemos amar solamente la promesa; también debemos aprender a abrazar el proceso.
Porque queremos la restauración, pero no queremos atravesar la reconstrucción.
Queremos el propósito, pero no queremos la preparación.
Queremos la nueva temporada, pero queremos llegar a ella sin pasar por el desierto.
Queremos ser fuertes, pero no queremos atravesar aquello que desarrolla nuestra fortaleza.
Sin embargo, muchas veces Dios utiliza precisamente esos momentos que nosotras quisiéramos evitar para formar nuestro carácter, fortalecer nuestra fe, enseñarnos dependencia y mostrarnos quién verdaderamente está con nosotras.
Hay cosas que solamente puedes aprender cuando tienes que comenzar de nuevo.
Hay una fortaleza que solamente nace después de haber llorado y aun así levantarte.
Hay una fe que solamente se desarrolla cuando ya no tienes otra cosa a la cual aferrarte que no sea Dios.
Y hay una versión de ti que probablemente nunca habría nacido si no hubieras atravesado aquello que tanto te dolió.
Mantente bajo la cobertura de Dios
Por eso, mujer, no abandones a Dios en medio de tu proceso.
No permitas que el dolor te aleje de la presencia que puede sanarte.
No tomes decisiones permanentes desde emociones temporales.
No abandones tu fe porque todavía no ves la respuesta.
No confundas silencio con abandono.
Y no pienses que porque estás atravesando una temporada difícil significa que Dios se olvidó de ti.
Dios sigue siendo Dios en el desierto.
Sigue siendo Dios cuando no entiendes.
Sigue siendo Dios cuando una puerta se cierra.
Sigue siendo Dios cuando alguien se va.
Sigue siendo Dios cuando tienes que comenzar desde cero.
Sigue siendo Dios cuando todavía no puedes ver cómo terminará tu historia.
Por eso, permanece.
Ora.
Busca Su presencia.
Lee Su Palabra.
Rodéate de personas que alimenten tu fe.
Cuida tu corazón.
Y sigue caminando.
Lo que hoy te duele puede estar formando lo que mañana necesitarás
Quizás hoy estás atravesando una etapa que no elegiste.
Quizás estás comenzando de nuevo.
Quizás estás reconstruyendo tu vida después de una ruptura, una pérdida, una decepción, un fracaso o una temporada que te dejó emocionalmente agotada.
Quizás estás preguntándote:
“¿Y ahora qué hago?”
Quiero decirte algo que yo misma he tenido que aprender:
No tienes que conocer todo el camino. Solo necesitas confiar en Aquel que conoce el camino completo.
Dios no te pidió que controlaras el futuro.
Te pidió que confiaras en Él.
Y quizás aquello que hoy parece una interrupción está preparando una nueva dirección.
Quizás aquello que consideraste una pérdida está dejando espacio para algo nuevo.
Quizás el lugar desde donde estás comenzando otra vez no es tu destino, sino tu punto de partida.
Mujer, no estás sola
Si hoy sientes que todos se fueron, recuerda esto:
Dios permanece.
Si hoy no sabes cómo vas a salir adelante, recuerda esto:
Dios permanece.
Si hoy estás cansada de comenzar nuevamente, recuerda esto:
Dios permanece.
Y si hoy estás en un proceso que no entiendes, no tengas tanta prisa por salir de él que olvides preguntarle a Dios qué quiere formar en ti mientras lo atraviesas.
Porque quizás el propósito de esta temporada no sea solamente llevarte hacia algo.
Quizás también sea convertirte en alguien capaz de sostenerlo.
Dios no solamente quiere entregarte cosas.
También quiere prepararte para ellas.
Quiere formar tu carácter.
Fortalecer tu fe.
Sanar tu corazón.
Enseñarte a depender de Él.
Y hacerte comprender que tu identidad no depende de quién se quedó, quién se fue, quién te reconoció o quién dejó de creer en ti.
Tu identidad está en Dios.
Por eso, no odies tu proceso.
Llora si necesitas llorar.
Descansa si estás cansada.
Vuelve a empezar las veces que sea necesario.
Pero no abandones tu fe.
Porque quizá un día mirarás hacia atrás y entenderás que aquella temporada que tanto quisiste evitar fue precisamente la que Dios utilizó para prepararte para la mujer que estabas llamada a ser.
Mujer, no estás sola.
El mismo Dios que encontró a Agar en el desierto, que acompañó a Rut en su comienzo, que escuchó a Ana en su dolor y que sostuvo a Ester frente a una misión demasiado grande para ella, también puede sostenerte a ti.
Y si hoy tienes que comenzar de nuevo, comienza.
Pero comienza con Dios.
Porque cuando tienes a Dios, comenzar de nuevo no significa comenzar desde cero.
Significa comenzar desde la experiencia, desde la fe, desde lo aprendido y, sobre todo, desde Su mano.
Y tal vez algún día, cuando otra mujer esté atravesando lo que tú atravesaste, podrás mirarla a los ojos y decirle:
“Yo estuve ahí. Yo también pensé que no podía. Pero Dios me sostuvo. Y si Él lo hizo conmigo, también puede hacerlo contigo.”
Mujer, no estás sola.
Tu proceso no es el final de tu historia.
Dios todavía está escribiendo.









