Hay momentos en la vida de una mujer que parecen desgarrar el alma. La separación, la carga de ser madre soltera, las cuentas que no cuadran y las noches en las que el silencio duele más que la soledad. Son procesos que no avisan, que llegan para probar la fortaleza de un corazón que, aunque cansado, sigue latiendo con fe.
En medio de lágrimas escondidas y sonrisas prestadas, aparece la pregunta inevitable: ¿y ahora qué?
Es ahí donde muchas mujeres descubren que no están solas. Que, aunque el apoyo humano falle, hay un refugio eterno que nunca abandona: Dios. Él se convierte en la voz que calma, en la provisión inesperada, en la fuerza que sostiene y en la esperanza que ilumina incluso los días más oscuros.
Una mujer que se levanta en fe no es débil; es valiente. Una madre que, con la mirada al cielo, pide fuerzas para seguir criando a sus hijos, es más grande que cualquier adversidad. Una hija de Dios que confía, aunque no entienda, es testimonio vivo de que los procesos no destruyen: transforman.
Porque después de la tormenta, la mujer de fe descubre que siempre hubo un sostén invisible, y que nunca caminó sola: su único socorro fue, es y será Dios.
Brenda Goodman es la autora de “Adolescencia Interrumpida” y fundadora de Creadoras de Cambio. Mentora de mujeres y podcaster, se especializa en el cierre de ciclos y el fortalecimiento del diálogo interno. Encuéntrala cada jueves en su podcast o diariamente en su comunidad de Instagram @creadorasdecambio.


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