Por: Brenda Goodman

En el siglo 21, parece que las madres debemos tener la paciencia de Job, la fuerza de Sansón, la sabiduría de Salomón y, por si fuera poco, el perfil de Instagram de una modelo. Se nos exige ser productivas, estar en forma, criar hijos emocionalmente inteligentes y, al mismo tiempo, mantener una sonrisa impecable.
Pero, ¿dónde queda nuestro diseño divino en medio de tanta exigencia externa?
Como mujer que ha caminado por procesos de sanidad y como autora de “Adolescencia Interrumpida”, he entendido que la maternidad no es una interrupción de nuestro propósito, sino una de las plataformas más poderosas para ejercerlo.
Sin embargo, para ser las madres que nuestros hijos necesitan, primero debemos ser las mujeres que Dios diseñó.
Y trabajar en no idealizar esto:
- El mito de la «Supermamá» vs. La Gracia de Dios:
El mundo nos dice que «podemos con todo», pero la realidad es que intentar hacerlo todo solas nos lleva al agotamiento y al resentimiento. La Biblia nos enseña que Su gracia se perfecciona en nuestra debilidad. Ser una madre empoderada en este siglo no significa no cansarse; significa saber a dónde ir cuando las fuerzas se agotan.
El empoderamiento femenino real nace de la dependencia de Dios. Cuando reconocemos que no tenemos todas las respuestas, permitimos que el Espíritu Santo guíe nuestras decisiones y nuestras palabras. - Sanar para Criar: El eco de nuestra propia historia
Muchas veces, nuestra forma de maternar es una reacción a nuestra propia historia. Si vivimos una «adolescencia interrumpida» o capítulos de dolor que no hemos cerrado, corremos el riesgo de criar desde la carencia o el miedo.
Para ser una auténtica Creadora de Cambio en tu hogar, es vital cerrar ciclos. Sanar tu diálogo interno no es un lujo, es una responsabilidad. Cuando tú sanas, dejas de heredarle a tus hijos tus sombras y empiezas a modelarles tu luz. - Herramientas para la madre de hoy:
¿Cómo sobrevivir y prosperar en esta era digital y acelerada?
- Filtra el ruido: No todas las tendencias de crianza son para ti. Pide discernimiento para adoptar lo que se alinea con tu fe.
- Prioriza tu altar, no tu agenda: Si tienes tiempo para el celular pero no para la oración, tu prioridad está invertida. 10 minutos de conexión con Dios cambian el tono de todo tu día.
- Suelta la culpa: La culpa es el lenguaje del enemigo. La convicción de cambio es el lenguaje de Dios. Si fallaste hoy, mañana Su misericordia es nueva.
Ser madre en este siglo es un desafío gigante, pero no estás sola. Estás llamada a ser una influencia eterna en la vida de tus hijos. No busques ser una madre perfecta a los ojos del mundo; busca ser una madre presente a los ojos de Dios.
Tu historia no se detuvo cuando te convertiste en mamá; simplemente comenzó un capítulo de liderazgo profundo. ¡Eres una Creadora de Cambio!
¿Te identificas con este sentimiento?
Te invito a escuchar mi podcast todos los jueves donde profundizaremos en este tema y otras más sobre la sanación femenina. - También puedes conseguir mi novela «Adolescencia Interrumpida» en Cuenta Libros, del supermercado nacional para comenzar tu propio proceso de sanidad.


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