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Valores en extinción: cómo su ausencia está rompiendo nuestras relaciones

Vivimos en un tiempo donde todo avanza rápido: la tecnología, la información, las modas y hasta la forma de relacionarnos. Sin embargo, en medio de esa prisa hemos ido dejando atrás algo esencial: los valores que sostenían nuestras familias y comunidades.

No desaparecieron de un día para otro. Se fueron apagando poco a poco, entre el “no tengo tiempo”, el “eso ya no se usa” y el “cada quien que viva como quiera”. Hoy vemos las consecuencias en hogares fracturados, amistades superficiales y una sociedad cada vez más fría.

¿Cuáles son esos valores que estamos perdiendo?

1. El respeto

Antes se respetaba la palabra del otro, a los mayores, a la pareja, al maestro. Hoy el irrespeto se disfraza de “sinceridad” y de “libertad de expresión”. Hablamos sin pensar y herimos sin remordimiento.

2. La empatía

Nos cuesta ponernos en el lugar del otro. Opinamos desde nuestras heridas y no desde el amor. Las redes nos enseñaron a juzgar, pero no a comprender.

3. El compromiso

Las relaciones se volvieron desechables: si algo incomoda, se abandona. Pasa en el matrimonio, en la amistad y hasta en la crianza.

4. La honestidad

Mentir se ha normalizado. Pequeñas trampas, verdades a medias, apariencias que sostener. Y donde no hay verdad, no puede haber confianza.

5. La responsabilidad

Cada vez menos personas asumen las consecuencias de sus decisiones. Siempre hay un culpable externo: la pareja, el gobierno, los padres, la escuela.

El impacto en nuestras relaciones

Cuando los valores se debilitan, las relaciones también.

Las parejas discuten más y dialogan menos.

Los hijos crecen con límites borrosos.

La amistad se vuelve interés.

La comunidad deja de ser refugio para convertirse en campo de batalla.

No es casual que haya tanta soledad en una época “hiperconectada”.

Recuperar los valores es un acto revolucionario

No podemos cambiar el mundo de golpe, pero sí nuestro pequeño entorno.

• Practicando el respeto en casa.

• Enseñando a nuestros hijos con ejemplo y no solo con discursos.

• Siendo mujeres coherentes entre lo que decimos y hacemos.

• Volviendo a la fe, al perdón y al diálogo.

Los valores no son antiguos: son eternos. Y cada mujer que decide vivirlos se convierte en una verdadera creadora de cambio.

Para reflexionar

¿En qué momento dejaste de saludar al vecino?

¿Cuándo fue la última vez que pediste perdón de verdad?

¿Qué valores estás modelando a tus hijas?

El cambio comienza en nosotras.

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